El golpe duro en Avellaneda no fue el gol a los 3', sino la salida de Jonathan Ramis tras sufrir un golpe en su cabeza. El Uruguayo era el más preciso y activo a lo que ataque de refiere. Su sustitución fue clave en el desarrollo del encuentro. Sin él, Gabriel Heinze decidió mover a Matías Vargas a su puesto y meter en cancha a Mainero. Tras esto, los ataques de Vélez ya no tuvieron la misma contundencia y peligro que antes. El "Monito" mermó su nivel que tanto lo destacó en el partido y campeonato pasado, ya que se notó desde lejos que no se sentía cómodo jugando de espalda chocando contra los centrales. Los movimientos ofensivos se disolvian llegando a los bordes del área, ya que no encontraban una referencia para poder finalizarla.
En tanto lo que corresponde a la defensa, fue un partido movido. Claro está que Lisandro López, Gustavo Bou y Ricardo Centurión, no son fáciles de neutralizar. Las mayores complicaciones ocurrieron en el comienzo, ya que sus incursiones ofensivas eran vertiginosas e indescifrables. Pasando los minutos, los cuatro del fondo fortinero fueron afianzandose y neutralizando con más seguridad las embestidas. A lo que concierne al segundo gol, nada tuvieron que hacer, ya que en una contra y con el equipo totalmete en ataque, la defensa quedó descomoenzada y a contrapierna.
Si tenemos que rescatar algo positivo de la derrota, es que Vélez sigue teniendo una idea clara de juego. Que a pesar de la falta de piezas, el "Gringo" marco a fuego una identidad.
@CiaccioEmmanuel
Foto @Velez

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